Lo único que no he cambiado en 20 años
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Lo único que no he cambiado en 20 años

por Manu Soriano· 11 de junio de 2026·4 min de lectura ·💙 75 ·💬 20 · Ver en LinkedIn ↗

Llevo 20 años en LinkedIn. Más que en cualquier empresa. Más que en ninguna ciudad. Es de las pocas cosas que no he cambiado desde 2006.

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Junio de aquel año, recién promocionado a consultor después de mi etapa de becario en Michael Page, abrí cuenta. Y desde entonces mi carrera y la curva de adopción de la red en nuestra industria han sido más o menos la misma curva. Recelo al principio, uso silencioso después, exposición visible al final.

Cinco escenas para contarlo.

1. 2006-2009. La rareza.

Cuando me hice cuenta, casi nadie de consultoría la usaba. En Page la dirección general restringía el acceso a unos pocos, probábamos Xing en paralelo, y había recelo constante con la idea de que la gente acabara sacando información por ahí. En algún momento cerca de 2010 llegaron a restringir el uso durante un par de años por miedo a fugas de información. Cuando volvió a permitirse, lo hizo con dos reglas para el que se iba: borrar la cuenta y quitar como primer contacto al que salía de la empresa. Como si la red, además de cerrarse, tuviera que demostrar públicamente que ya no existía.

Esa era la lógica de aquellos primeros años. LinkedIn entraba en el cajón del riesgo, no en el de la infraestructura.

2. Los años discretos. Observar, mandar mensajes y publicar vacantes.

Mis primeros años en LinkedIn fueron de mirar mucho y escribir poquísimo. Nada de publicar contenido. Mensajes directos para búsqueda fría, headhunting silencioso, y un uso muy concreto que mantuve hasta llegar a W: tratar LinkedIn como un portal de empleo donde publicar anuncios. Eso era todo. Una herramienta de oficio. Marca personal no era un concepto que yo me planteara entonces.

3. Barcelona y Estambul. Una red que viaja antes que tú.

Cuando aterricé en Barcelona sin conocer a nadie, LinkedIn me aceleró meses de café y networking en semanas. Lo mismo me pasó en Turquía, primero para construir red en un país nuevo y después, sobre todo, para preparar mi vuelta a España desde Estambul. Tirar lazos antes de aterrizar. Ahí entendí que la red no es un currículum. Es una palanca de movilidad.

(mi primer post solo que no fuera un anuncio de empleo o un refrito de prensa, hace 7 años...)

(Iba a tope con mi creatividad XD)

4. Valencia. El silencio del impostor.

Llegué a Valencia todavía en Michael Page y seguía sin publicar. Como mucho compartía alguna noticia. Síndrome del impostor por un lado, "qué dirán" por otro. Nuestra industria es discreta, y yo lo era más.

La bisagra llegó años después, ya en mi etapa de Claire Joster, cuando empecé a meter en mi vida la filosofía de la soberanía del foco: dejar de gestionar la opinión ajena como si fuera trabajo mío. Mi peli, mi guion. Empecé a publicar al final de aquella etapa, todavía con cautela. Pero ya había cruzado la frontera.

5. W. La decisión de ser visible.

En W decidí algo distinto: usar LinkedIn como altavoz para contar mi manera de cultivar talento y atraerlo. La newsletter que estás leyendo, el podcast Ecos de Liderazgo (que nació pensado para el nuevo formato de vídeo de LinkedIn, y que después decidimos llevar también a YouTube), las charlas. Todo eso es la misma decisión repetida: estar en primera línea.

Y exponerse de verdad, no por delegación. La trampa más común que veo en mi sector: directivos que delegan su voz en comunicación o en marketing. Posts firmados con su nombre que claramente no han escrito. Tono corporativo donde debería haber criterio personal. Líneas tan pulidas que ya no dicen nada.

Cuando un líder delega su voz, el mercado lo nota antes que él. El equipo, también. No le puedes pedir a tu organización autenticidad mientras firmas lo que otros escriben.

Marketing y comunicación son aliados para amplificar lo tuyo, no para fabricarlo. La marca personal de un líder no es un servicio que externalizar. Es identidad. Y la identidad no se delega.

El año pasado entré en el Top Voice de LinkedIn y en el Top 50 de HR de España. No lo buscaba, pero me hizo ilusión. Y sobre todo, me dieron más ganas de seguir compartiendo lo que aprendo y lo que cultivo.

Estos últimos años son los que más he disfrutado. Porque entendí, sin medias tintas, que un líder invisible no lidera. Lidera el que se expone.

Estos 20 años no han sido solo míos. Cada conversación por mensaje privado, cada comentario, cada persona que llegó por aquí y acabó siendo parte de un proyecto, de una empresa o de un equipo. Esta red, para mí, ha sido sobre todo eso. Gente.

Lo que voy aprendiendo lo estoy ordenando en un libro sobre cultivar talento que verá la luz a finales de este año o principios del siguiente. No es un libro sobre LinkedIn. Pero sin LinkedIn, gran parte de lo que cuenta no existiría.

Gracias por estos 20. A por los próximos.

PD: Si lo reconozco disfruto del peso que me he quitado de encima en estos 20 años :)

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— Manu

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