Cómo se instala de verdad una guía agéntica dentro de una empresa, contado desde dentro del tablero.
IA

Cómo se instala de verdad una guía agéntica dentro de una empresa, contado desde dentro del tablero.

por Manu Soriano· 22 de junio de 2026·11 min de lectura ·💙 60 ·💬 16 · Ver en LinkedIn ↗

Más del 40% de los proyectos de IA agéntica se van a cancelar antes de 2027. Y casi ninguno caerá por la tecnología. Caerán por cómo se instalan.

Lo digo desde dentro del tablero, no desde la grada.

Llevo meses jugando a esto en mi propia casa. Primero conmigo. Después con mi compañía. Y te aseguro que se parece mucho más a un juego de mesa de tu infancia que a una hoja de cálculo.

¿Te acuerdas de las Serpientes y Escaleras? Tiras el dado, avanzas, y de pronto una casilla te catapulta veinte posiciones hacia arriba. O te traga una serpiente y bajas casi hasta el principio. El mismo tablero. La misma tirada. Lo único que cambia es en qué casilla caes.

Instalar una guía agéntica dentro de una empresa es exactamente eso. Yo lo llamo Scalaria.

Cómo se instala de verdad una guía agéntica dentro de una empresa, contado desde dentro del tablero. — imagen 1

Y lo interesante es que nadie pierde esta partida por mala suerte. Se pierde por pisar mal una de estas cinco casillas.

Las cinco casillas que deciden si subes o si te tragan

🪜🐍 Infraestructura. Es el suelo del tablero. Si tu base técnica está limpia y conectada, es una escalera que lo lanza todo hacia arriba. Si tus datos viven en quince sitios que no se hablan entre ellos, es una serpiente que te devuelve a la salida. Casi todas las empresas descubren, cuando empiezan, que su fontanería estaba más sucia de lo que pensaban. Y un agente nunca es mejor que las tuberías que tiene debajo.

🪜🐍 Seguridad. Un agente no solo responde, actúa. Entra en tus sistemas, ejecuta, decide pasos. Eso multiplica la superficie de riesgo de golpe. Bien atada desde el primer día, la seguridad es el permiso para correr tranquilo. Pensada como un parche al final, es la serpiente que paraliza el proyecto entero. En nuestro oficio manejamos lo más sensible que hay: personas, sueldos, carreras. La seguridad no es una función que añades al final. Es el suelo sobre el que construyes.

🪜🐍 Modelo de negocio. Aquí está la pregunta incómoda. ¿Esto toca de verdad la cuenta de resultados o es un juguete caro? Si encaja con cómo ganas dinero, sube y arrastra a todos contigo. Si no, tarde o temprano alguien lo apaga sin hacer ruido. La mayoría de los pilotos no mueren porque fallen. Mueren porque nadie supo explicar para qué servían.

🪜🐍 Personas. Esta es la mía, ya lo sabes. Si tu gente la adopta y la hace suya, vuelas. Si la vive como una amenaza, ninguna tecnología te salva. Un agente bien puesto no reemplaza a la persona, la libera de lo que la quemaba para que se dedique a lo único que solo ella puede hacer. Pero eso es una historia que hay que saber contar bien, no imponer por circular interna.

🪜🐍 Gobernanza. Quién decide. Quién controla. Dónde vive el dato y por qué países viaja. Cuánta autonomía le das a la máquina y qué te reservas tú. Una casilla que parece aburrida hasta el día que deja de serlo.

Y aquí es donde entra la palabra que muchos prefieren no mirar: cumplimiento. El AI Act europeo ya clasifica los sistemas por nivel de riesgo, y todo lo que toca a personas (selección, evaluación, decisiones sobre carreras) cae en la casilla de alto riesgo, con obligaciones de transparencia, supervisión humana y trazabilidad. No es un sello que pones al final. Es algo que decides al diseñar.

Y luego está el viaje del dato. Cuando montas estas herramientas, casi siempre el dato sale corriendo a procesarse a servidores en Estados Unidos sin que nadie se haya parado a pensarlo. Pero ese dato es de personas europeas, y el RGPD tiene algo que decir sobre dónde aterriza y bajo qué garantías cruza el Atlántico. La pregunta no es técnica, es de fondo: ¿sabes por dónde vuela la información de tu gente, quién la puede leer y bajo qué ley se juega? Si no lo sabes, ya estás pisando la serpiente.

Te confieso una cosa. Ahora mismo, en mi propia partida, la casilla que vigilo de cerca para que no se me convierta en serpiente es esa última: la gobernanza. No la tecnología. La gobernanza. Porque un agente que actúa solo, sin reglas claras de quién responde de qué y sin saber dónde vive el dato, es una serpiente disfrazada de escalera. Por eso una de las cosas que más me importa es tener el control de dónde se procesa la información y poder mirarla a los ojos: lo nuestro, en lo nuestro, bajo nuestra ley. Gobernar esto no es burocracia. Es decidir en frío, antes de que la máquina decida por ti.

Mi propia partida: de Pinky a Willow

Yo no escribo esto en teoría. Lo estoy viviendo.

Empecé por lo pequeño y por lo personal. Me monté un sistema propio al que llamo Pinky.

Pinky no es un chatbot al que le preguntas cosas. Es un orquestador con un equipo detrás. Yo le doy un encargo y él decide a qué especialista se lo pasa: tengo uno para los datos, otro para las finanzas, otro para investigar, otro para escribir, otro hasta para los planes en familia. Cada uno con su nombre, su memoria y su carácter. Yo no hago el trabajo. Lo dirijo. Y mi cabeza se ha quedado libre para lo único que no se puede delegar: decidir.

¿Y por qué Pinky? Por los dibujos, claro. Pinky y Cerebro, los dos ratones de laboratorio. Cerebro es el que cada noche traza el plan maestro para conquistar el mundo; Pinky, el que lo ejecuta con una lealtad infinita y sin rechistar. En mi versión, yo soy Cerebro y mi sistema es Pinky. Me hace una gracia tremenda cada vez que lo pienso. Y resume mejor que ninguna teoría lo que es todo esto: tú pones la cabeza y el rumbo, la máquina pone la ejecución incansable.

Ese fue mi laboratorio. Equivocarme en pequeño, con mis aciertos y mis tropiezos, antes de tocar nada serio.

Willow: el sauce que estamos plantando dentro

Y ahora viene el reto de verdad: llevar esa misma lógica dentro de mi compañía. Ahí el proyecto se llama Willow.

Lo llamo así porque willow es sauce en inglés, y no es casualidad. El sauce llorón es el árbol que corona mi manera de entender el talento: el de raíces más profundas, el que se dobla con el viento sin romperse, el que crece junto al agua y da sombra a quien se sienta debajo. Un árbol que empieza siendo una semilla diminuta y tarda años en llegar a ser ese sauce pleno. Igual que el talento. Igual que esto.

Y aquí viene la parte que de verdad importa. Imagina Willow en tres capas, de arriba abajo.

Capa de arriba: la captación. La información entra por mil sitios a la vez. Un correo, un mensaje, la transcripción de una llamada, un formulario de la web, un documento que alguien sube. Omnicanal puro. Y ojo a esto: estas herramientas de captación las puede tener cualquiera hoy. No son el secreto de nadie.

Capa de abajo: tus bases de datos. Donde el dato se queda a vivir ya ordenado. Tu Salesforce, tu sistema de registro, lo que cada empresa ya tiene montado. Tampoco es el secreto: ese software se compra en cualquier esquina.

Capa del medio: Willow. Y aquí se juega todo. En una primera fase, Willow se sienta justo entre el conector de esas herramientas y tu base de datos. ¿Para qué exactamente? Para tratar el dato antes de que aterrice. Para enriquecerlo. Para correlacionarlo con el contexto propio de W: nuestra forma de mirar a las personas, nuestro criterio, nuestra historia con cada cliente. El dato entra crudo y sale con sentido.

Mi tesis a largo plazo es sencilla. Las herramientas las va a tener todo el mundo. El SaaS de captación, la base de datos, el modelo de turno. Todo eso se comprará en cualquier sitio. Lo que te va a diferenciar no es la herramienta. Es cómo la entrenas y qué contexto le das.

Y ahí está la decisión de fondo. Puedes entrenar ese contexto dentro del SaaS de un tercero, que tendrá sus propias vías y sus propias bases de datos. O puedes entrenarlo en lo tuyo. Yo lo entreno en Willow. El contexto de W no vive en casa de otro. Vive en casa. Ese es el diferencial.

Un ejemplo de hacia dónde vamos. Llega el currículum de un directivo y la transcripción de la entrevista que le hicimos. En la mayoría de los sitios, eso se guarda y ya está. En lo que estamos construyendo, Willow lo cruza con lo que sabemos de ese sector, de ese cliente y de lo que de verdad funciona cuando cultivas talento, y te devuelve no un archivo, sino una lectura. Un criterio. La diferencia entre tener datos y tener juicio.

Cómo se instala de verdad una guía agéntica dentro de una empresa, contado desde dentro del tablero. — imagen 2

El entorno da igual. El criterio, no.

Y aquí está la parte que, para mí, lo cambia todo.

El entorno puede ser uno u otro. Hoy puede ser Claude Code, puede ser Codex, puede ser Antigravity, y mañana será uno que todavía no tiene nombre. Da casi igual. Esa guerra la van a librar los gigantes, y al final todos esos entornos van a ser muy buenos, casi indistinguibles en lo esencial. La herramienta deja de ser la pregunta.

La pregunta es cómo trabajas tu contexto y cómo acotas tu data.

Porque cuando esto funciona bien, no es que te hable un robot. Es que te habla tu propio conocimiento, bien acotado y bien contextualizado. La máquina no inventa el criterio. Lo acelera. Correlaciona en segundos lo que a ti te llevaría semanas cruzar a mano. Pero esa correlación solo vale lo que vale el contexto que un humano puso ahí dentro. El mérito no es del que corre más rápido. Es del que sabía hacia dónde correr.

Por eso creo que esto no va de máquinas contra personas. Va de personas subidas a hombros de gigantes. Al que más contexto y más conocimiento tiene, es al que la máquina más le multiplica, porque le ayuda a correlacionar a toda velocidad lo que ya sabía mirar. Al que llega vacío, le devuelve ruido, y encima más rápido. Mismo motor, resultado opuesto.

Y aquí quiero deshacer un miedo. Que la máquina haga el cálculo no te exime de saber calcular. Es el efecto calculadora. Tener calculadora no quita que el cálculo mental siga siendo gimnasia para la cabeza. Es como el gimnasio: no vas porque te persiga un tigre, vas para estar en forma el día que de verdad tengas que correr. Tu criterio y la máquina no compiten. Se entrenan a la vez. Son dos cosas completamente complementarias.

El día que delegues también el criterio, dejaste de jugar tú la partida. Y este juego, el bueno, se juega con la cabeza puesta.

No es FOMO. Es no quedarse quieto

Déjame ponerte los números, porque sé que el ruido ahí fuera es ensordecedor.

Hoy solo el 17% de las organizaciones han desplegado agentes de verdad. Más del 60% dice que lo hará en los próximos dos años. Pero aquí está lo interesante: casi dos tercios ya han hecho pruebas, y menos del 10% ha conseguido escalarlas a algo que aporte valor real.

Lee otra vez esa última cifra. Menos del 10%.

El abismo no está entre los que prueban y los que no. Está entre los que prueban y los que saben instalarlo. Por eso Gartner avisa de ese 40% de proyectos que se van a cancelar: no por falta de tecnología, sino por costes disparados, valor poco claro y controles de riesgo que nadie pensó a tiempo. Las serpientes del tablero.

No te cuento esto para meterte prisa. El FOMO es mal consejero: decide por miedo y casi siempre cae en una serpiente. Pero quedarse quieto tampoco es opción. Cuando la mitad de las empresas que ya usan IA tengan agentes autónomos funcionando dentro de un par de años, no vas a poder empezar la partida desde la casilla uno.

La diferencia no la marca quien más corre. La marca quien sabe en qué casilla está pisando.

Por qué te cuento todo esto en voz alta

Podría estar haciendo esto en silencio, como hice durante años con casi todo. Pero he aprendido que contar el camino, darle luz, también es cultivar talento. La gente no aprende de los manuales perfectos. Aprende de ver a alguien jugar la partida de verdad, con sus escaleras y sus serpientes a la vista.

Porque esto no se implementa. Se cultiva. Instalar una guía agéntica no es enchufar un software y mirar para otro lado. Es preparar el suelo, sembrar en pequeño, regar, vigilar qué casilla se te tuerce y tener la paciencia de subir escalera a escalera sin que una serpiente se lo lleve todo por delante.

Lo estoy haciendo a la vista. Con mis aciertos y mis tropiezos. Porque creo que el futuro de los servicios de personas pasa justo por aquí: por gente que se atreve a jugar la partida en primera línea, no por gente que la comenta desde la barrera.

Si tú también estás en este tablero, cuéntame en qué casilla andas. ¿Cuál es tu escalera? ¿Y cuál es la serpiente que vigilas para que no te trague?

Nos leemos.

Cómo se instala de verdad una guía agéntica dentro de una empresa, contado desde dentro del tablero. — imagen 3

— Manu

Entre Líneas de Liderazgo · Cap. 68 · Manu Soriano Olona

Compartir in LinkedIn X WhatsApp

¿Te ha resonado?

Cada semana comparto una leccion sobre liderazgo, talento y cultura. Sin relleno, directo al grano.

Sigueme en LinkedIn ↗