Antes del método

Tu cultura fue tuya el primer día.

Después se separó de ti, y casi ningún fundador sabe decir cuándo pasó.

El origen

Cuando monté W con mis socios, las tres preguntas con las que hoy abro cualquier proceso de talento me las contesté yo, en una conversación conmigo mismo, sin nadie enfrente.

Empresa: qué problema resolvemos y para quién Líder: cómo lidero, qué es innegociable Persona: qué quiere construir en los próximos 3 años

Normalmente esas tres respuestas las dan tres partes distintas. La empresa ya está montada y trae la suya, el líder llega con la suya, y la persona que entra trae la tercera. Ponerlas de acuerdo es trabajo, y de ahí sale la primera herramienta del método.

El día que arrancas no tienes ese problema. Yo decidía qué problema iba a resolver la empresa, cómo iba a liderar y qué quería construir en los años siguientes, todo a la vez, y las tres cosas partían del mismo punto porque las estaba pensando la misma cabeza.

Eso lo tiene cualquiera que arranca algo, y dura poco. En cuanto entra la segunda persona las tres respuestas se separan, y desde ahí la coincidencia deja de venir sola y hay que diseñarla. Hoy las tres P de W ya no son las mías: somos más gente y cada una llega con las suyas. Todo lo que he hecho después ha sido intentar reproducir a mano aquella coincidencia que la primera vez me salió gratis.

Eso es el Mapa de las 3 P, la primera de las cinco herramientas.

Las cuatro raíces

Aquellas respuestas no salieron de la nada. Debajo hay cuatro raíces, y las cuatro son anteriores a la empresa.

Cultura

La cultura no es lo que defines. Es lo que sucede cuando no estás. La norma que de verdad tienes es la que aplicas el día que aplicarla te cuesta dinero.

En W la tolerancia cero a la toxicidad está escrita en el manual con el que entra cada persona nueva. Es fácil de comprobar sin preguntarme a mí: se lo preguntas a cualquiera que trabaje ahí y te dice si se cumple o si es papel mojado.

Por qué la cultura mueve la cuenta de resultados

Alto rendimiento

Llamo alto rendimiento a dos cosas. Una es la ambición, y no toda vale igual: la que necesita que el de al lado pierda firma un año bueno y deja el equipo roto. La mía se mide contra lo que yo hacía hace un año.

La otra es la última milla, el tramo que nadie reclama si lo dejas a medias porque desde fuera no se nota que falta. Recorrerlo obliga a saber en qué soy bueno y en qué no, sin la versión amable.

Que aguante años depende de con cuánta energía llega la gente al lunes por la mañana, y eso o lo mides o te lo imaginas. Yo lo mido. Cada trimestre le pregunto a todo el equipo si recomendaría trabajar con nosotros, y me como el resultado.

Eso último es lo que hace que casi nadie pregunte. La encuesta la monta cualquiera; sostenerla es quedarte con lo que salga. El número se queda dentro de casa, que es su sitio. Lo comprobable aquí es que la pregunta se hace cada tres meses, que hay una serie detrás y que cualquiera que haya pasado por la empresa lo puede confirmar.

Cómo se riega eso: el Telar de Recompensas

Tech & Data

La tecnología me compra tiempo. Automatizo todo lo que no necesita criterio para poder gastar el criterio donde no se puede delegar, que son las conversaciones con la gente. Una máquina me prepara la conversación, pero tenerla me toca a mí.

Lo que me ocupa ahora se llama IA agéntica y es un problema de organización antes que de tecnología. En vez de una herramienta a la que preguntas, hay varios especialistas y uno que orquesta, que decide quién hace cada cosa y responde de lo que llega. Es mi oficio de siempre con otro material, y por eso me lo monté yo en lugar de encargarlo.

Aquí la prueba está publicada y cualquiera puede abrirla: años de newsletter y de conversaciones grabadas donde se ve exactamente cómo pienso, sin pasar por comunicación corporativa. El sistema con el que trabajo hoy lo enseño en pantalla compartida a quien me lo pida, y el orquestador con el que arranca lo tengo publicado para quien quiera montárselo.

Liderar cuando el suelo se mueve

Impacto social

Lo que me importa es tener una empresa que devuelva a la sociedad a la que pertenece. Eso lo pensaba antes de montar nada.

Hay cosas en marcha y no las voy a contar en mi propia web. Contarlas las convertiría en material de marca, y a mí me vendría muy bien tenerlo, que es exactamente por lo que no lo pongo. Dentro de la empresa no es ningún secreto, y ahí está el sitio donde comprobarlo: la misma gente a la que le preguntarías por las otras tres raíces.

Si montaste tu empresa, esas tres respuestas fueron tuyas también alguna vez. La pregunta es cuándo dejaron de serlo, y si eso lo decidiste tú o simplemente pasó un día sin que nadie lo mirara.